{"id":516,"date":"2010-04-23T15:57:22","date_gmt":"2010-04-23T20:57:22","guid":{"rendered":"https:\/\/www.simplementescout.org\/?p=516"},"modified":"2010-04-23T15:57:44","modified_gmt":"2010-04-23T20:57:44","slug":"mensaje-del-jefe-seattle-en-el-dia-de-la-tierra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.simplementescout.org\/?p=516","title":{"rendered":"Mensaje del Jefe Seattle en el D\u00eda de la Tierra"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium  wp-image-518\" style=\"margin: 3px;\" title=\"chiefseattle\" src=\"https:\/\/www.simplementescout.org\/wp-content\/uploads\/2010\/04\/chiefseattle-178x300.jpg\" alt=\"chiefseattle\" width=\"178\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/www.simplementescout.org\/wp-content\/uploads\/2010\/04\/chiefseattle-178x300.jpg 178w, https:\/\/www.simplementescout.org\/wp-content\/uploads\/2010\/04\/chiefseattle.jpg 400w\" sizes=\"auto, (max-width: 178px) 100vw, 178px\" \/><em> <\/em><\/p>\n<p><em>El siguiente texto es una adaptaci\u00f3n teatral de un discurso que hizo en 1855 el jefe Seattle de la tribu Suquamish como respuesta a la oferta del presidente Franklin Pierce de comprar las tierras de los Suquamish en el noroeste de los Estados Unidos (hoy, Estado de Washington). Se le conoce como la &#8220;Carta del Jefe Seattle&#8221;, aunque en verdad nunca hubo tal documento escrito. <\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\n<\/em><\/p>\n<p>El Gran Jefe de Washington  manda  decir que desea comprar nuestras tierras. El Gran Jefe tambi\u00e9n nos  env\u00eda palabras de amistad y buena voluntad. Apreciamos esta gentileza porque sabemos que poca falta le hace, en cambio, nuestra amistad. Vamos a considerar su  oferta, pues sabemos que, de no hacerlo, el hombre blanco podr\u00e1 venir con sus armas  de fuego y tomar nuestras tierras. El Gran Jefe de Washington podr\u00e1 confiar  en lo que dice el Jefe Seattle con la misma certeza con que nuestros hermanos  blancos    podr\u00e1n confiar en la vuelta de las estaciones. Mis palabras son  inmutables como las estrellas.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo pueden comprar o vender el cielo, el calor de la tierra? Esta idea nos parece extra\u00f1a. No somos  due\u00f1os de la frescura del aire ni del centelleo del agua. \u00bfC\u00f3mo podr\u00edan comprarlos a nosotros? Lo decimos oportunamente. Habeis de saber que cada  part\u00edcula de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada hoja resplandeciente, cada  playa arenosa, cada neblina en el oscuro bosque, cada claro y cada insecto  con su    zumbido son sagrados en la memoria y la experiencia de mi pueblo. La  savia que circula en los \u00e1rboles porta las memorias del hombre de piel roja.<\/p>\n<p>Los muertos del hombre  blanco se olvidan de su tierra natal cuando se van a caminar por entre las estrellas. Nuestros muertos jam\u00e1s olvidan esta hermosa tierra porque ella es la  madre del hombre de piel roja. Somos parte de la tierra y ella es parte de  nosotros. Las fragantes flores son nuestras hermanas; el venado, el caballo, el  \u00e1guila majestuosa  son nuestros hermanos. Las praderas, el calor corporal del potrillo y el hombre, todos pertenecen a la misma familia. Por eso, cuando el Gran Jefe de  Washington manda decir que desea comprar nuestras tierras, es mucho lo que pide.  El Gran Jefe manda decir que nos reservar\u00e1 un lugar para que podamos vivir  c\u00f3modamente entre nosotros. El ser\u00e1 nuestro padre y nosotros seremos sus hijos. Por eso  consideraremos su oferta de comprar nuestras tierras. Mas, ello no ser\u00e1 f\u00e1cil  porque estas tierras son sagradas para nosotros. El agua centelleante que corre por los r\u00edos y esteros no es meramente agua sino la sangre de nuestros  antepasados.  Si os vendemos estas tierras, tendr\u00e9is que recordar que ellas son sagradas y deber\u00e9is ense\u00f1ar a vuestros  hijos que lo son y que cada reflejo fantasmal en las aguas claras de  los lagos habla de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El  murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.<\/p>\n<p>Los r\u00edos son nuestros  hermanos, ellos calman nuestra sed. Los r\u00edos llevan nuestras canoas y alimentan a  nuestros hijos. Si os vendemos nuestras tierras, deber\u00e9is recordar y ense\u00f1ar a  vuestros hijos que los r\u00edos son nuestros hermanos y hermanos de vosotros; deber\u00e9is en adelante dar a los r\u00edos el trato bondadoso que dar\u00e9is a cualquier hermano.<\/p>\n<p>Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestra manera de ser. Le da lo mismo un pedazo de tierra  que el otro porque \u00e9l es un extra\u00f1o que llega en la noche a sacar de la tierra lo  que necesita. La tierra no es su hermano sino su enemigo. Cuando la ha conquistado  la abandona y sigue su camino. Deja detr\u00e1s de \u00e9l las sepulturas de sus padres sin  que le importe. Despoja de la tierra a sus hijos sin que le importe. Olvida  la sepultura de su padre y los derechos de sus hijos. Trata a su madre, la tierra, y  a su hermano el cielo, como si fuesen cosas que se pueden comprar, saquear y  vender,  como si fuesen corderos y cuentas de vidrio. Su insaciable apetito  devorar\u00e1 la tierra y dejar\u00e1 tras s\u00ed s\u00f3lo un desierto.<\/p>\n<p>No lo comprendo. Nuestra  manera de    ser es diferente a la vuestra. La vista de vuestras ciudades hace  doler los ojos al hombre de piel roja. Pero quiz\u00e1 sea as\u00ed porque el hombre de piel roja es un salvaje y no comprende las cosas. No hay ning\u00fan lugar tranquilo  en las ciudades del hombre blanco, ning\u00fan lugar donde pueda escucharse el  desplegarse de las hojas en primavera o el rozar de las alas de un insecto. Pero quiz\u00e1 sea as\u00ed porque soy un salvaje y no puedo comprender las cosas. El ruido de  la ciudad parece insultar los o\u00eddos. \u00bfY qu\u00e9 clase de vida es cuando el hombre no  es capaz de escuchar el solitario grito de la garza o la discusi\u00f3n nocturna de  las ranas alrededor de la laguna? Soy un hombre de piel roja y no lo comprendo.  Los indios preferimos el suave sonido del viento que acaricia la cala del lago y  el olor del mismo viento purificado por la lluvia del mediod\u00eda o perfumado por  la fragancia  de los pinos.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-519\" title=\"lake\" src=\"https:\/\/www.simplementescout.org\/wp-content\/uploads\/2010\/04\/lake-300x199.jpg\" alt=\"lake\" width=\"300\" height=\"199\" srcset=\"https:\/\/www.simplementescout.org\/wp-content\/uploads\/2010\/04\/lake-300x199.jpg 300w, https:\/\/www.simplementescout.org\/wp-content\/uploads\/2010\/04\/lake.jpg 700w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>El aire es algo precioso  para el hombre de piel roja porque todas las cosas comparten el mismo aliento:  el animal, el \u00e1rbol y el hombre. El hombre blanco parece no sentir el aire que  respira. Al igual que un hombre muchos d\u00edas agonizante, se ha vuelto insensible  al hedor. Mas, si os vendemos nuestras tierras, deb\u00e9is recordar que el aire es  precioso para nosotros, que el aire comparte su esp\u00edritu con toda la vida que  sustenta. Y, si os vendemos nuestras tierras, deb\u00e9is dejarlas aparte y mantenerlas sagradas    como un lugar al cual podr\u00e1 llegar incluso el hombre blanco a saborear  el viento dulcificado por las flores de la pradera.<\/p>\n<p>Consideraremos vuestra  oferta de  comprar nuestras tierras. Si decidimos aceptarla, pondr\u00e9 una  condici\u00f3n: que el hombre blanco deber\u00e1 tratar a los animales de estas tierras como  hermanos.  Soy un salvaje y no comprendo otro modo de conducta. He visto miles de  b\u00fafalos pudri\u00e9ndose sobre las praderas, abandonados all\u00ed por el hombre blanco  que les dispar\u00f3 desde un tren en marcha. Soy un salvaje y no comprendo como el  humeante  caballo de vapor puede ser m\u00e1s importante que el b\u00fafalo al que s\u00f3lo  matamos para poder vivir. \u00bfQu\u00e9 es el hombre sin los animales? Si todos los animales hubiesen desaparecido, el hombre morir\u00eda de una gran soledad  de esp\u00edritu. Porque todo lo que ocurre a los animales pronto habr\u00e1 de  ocurrir tambi\u00e9n al hombre. Todas las cosas est\u00e1n relacionadas ente s\u00ed.<\/p>\n<p>Vosotros deb\u00e9is ense\u00f1ar a  vuestros  hijos que el suelo bajo sus pies es la ceniza de sus abuelos. Para que  respeten  la tierra, deb\u00e9is decir a vuestros hijos que la tierra est\u00e1 plena de  vida de  nuestros antepasados. Deb\u00e9is ense\u00f1ar a vuestros hijos lo que nosotros  hemos ense\u00f1ados a los nuestros: que la tierra es nuestra madre. Todo lo que  afecta a la tierra afecta a los hijos de la tierra. Cuando los hombres escupen el suelo    se escupen a s\u00ed mismos.<\/p>\n<p>Esto lo sabemos: la tierra no pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la tierra. El hombre no ha  tejido la red de la vida: es s\u00f3lo una hebra de ella. Todo lo que haga a la  red se lo har\u00e1 a s\u00ed mismo. Lo que ocurre a la tierra ocurrir\u00e1 a los hijos de la  tierra.  Lo sabemos. Todas las cosas est\u00e1n relacionadas como la sangre que une a una familia.<\/p>\n<p>Aun el hombre blanco, cuyo Dios se pasea con \u00e9l y conversa con el -de  amigo a amigo, no est\u00e1 exento del destino com\u00fan. Quiz\u00e1 seamos hermanos,  despu\u00e9s de todo. Lo veremos. Sabemos algo que el hombre blanco descubrir\u00e1 alg\u00fan  d\u00eda: que nuestro Dios es su mismo Dios. Ahora pens\u00e1is quiz\u00e1 que sois due\u00f1o de \u00c9l; pero no pod\u00e9is serlo. El es el Dios de la humanidad y Su  compasi\u00f3n es igual para el hombre blanco. Esta tierra es preciosa para El y el  causarle da\u00f1o significa mostrar desprecio hacia su Creador. Los hombres blancos  tambi\u00e9n pasar\u00e1n, tal vez antes que las dem\u00e1s tribus. Si contamin\u00e1is vuestra  cama, morir\u00e9is    alguna noche sofocados por vuestros propios desperdicios. Pero a\u00fan en vuestra hora final os sentir\u00e9is iluminados por la idea de que Dios os trajo a  estas tierras y os dio el dominio sobre ellas y sobre el hombre de piel roja  con alg\u00fan prop\u00f3sito especial. Tal destino es un misterio para nosotros porque no comprendemos lo que ser\u00e1 cuando los b\u00fafalos hayan sido exterminados, cuando los  caballos salvajes hayan sido domados, cuando los rec\u00f3nditos rincones de los  bosques exhalen el olor a muchos hombres y cuando la vista hacia las verdes colinas  est\u00e9 cerrada por un enjambre de alambres parlantes.<\/p>\n<p>\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el espeso bosque?  Desapareci\u00f3.<br \/>\n\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el \u00e1guila? Desapareci\u00f3.<\/p>\n<p>As\u00ed termina la vida y comienza la  supervivencia.<\/p>\n<p>De manera que consideraremos su oferta de comprar nuestra tierra. Si la aceptamos, ser\u00e1 para asegurarnos la reserva que nos ha prometido. Quiz\u00e1 all\u00ed podamos terminar como desear\u00edamos. Cuando el \u00faltimo Piel Roja se haya desvanecido de esta tierra y su memoria no sea m\u00e1s que la sombra de una nube que recorre la pradera, estas costas y estos bosques conservar\u00e1n los esp\u00edritus de mi pueblo, porque ellos aman esta tierra como el reci\u00e9n nacido el latir del coraz\u00f3n de su madre. Si les vendemos nuestra tierra, \u00e1menla como nosotros la hemos amado. Cu\u00eddenla como la hemos cuidado. Recuerden siempre el estado en que se encontraba la tierra cuando la tomaron. Con toda su fuerza, con toda su mente, con todo su coraz\u00f3n, cons\u00e9rvenla para sus hijos y \u00e1menla como Dios nos ama a todos.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<\/p>\n<p>Muy prof\u00e9ticas las palabras del Jefe Seattle. \u00bfQu\u00e9 hemos hecho con nuestro mundo? \u00bfY qu\u00e9 estamos haciendo por recuperarlo? Desde donde estamos, cada uno, hemos de esforzarnos por poner nuestro granito de arena.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El siguiente texto es una adaptaci\u00f3n teatral de un discurso que hizo en 1855 el jefe Seattle de la tribu Suquamish como respuesta a la oferta del presidente Franklin Pierce de comprar las tierras de los Suquamish en el noroeste de los Estados Unidos (hoy, Estado de Washington). 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